Jazmines, azahares, palmeras y recitales en

LA SENDA DEL POETA 2016

 

Texto y fotos: Diego Caballo

Conozco bien los caminos

conozco los caminantes

del mar, del fuego, del sueño,

de la tierra, de los aires

Miguel Hernández

Más de 2.500 han sido los inscritos  en la vigésima edición de la Senda del Poeta, que une Orihuela, donde nació Miguel Hernández Gilabert el 30 de octubre de 1910, con el cementerio  Nuestra Señora del Remedio de Alicante, ciudad  donde murió el día 28 de marzo de 1942 y donde cientos de senderistas, con representación de algunos estudiantes extranjeros, homenajearon al poeta y llevaron gladiolos, rosas y claveles que resaltaban sus colores rojos y blancos sobre la tumba del poeta universal.

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Este año, por primera vez, al cumplirse su 20 edición en 19 años, ya que uno de ellos se hizo también de forma inversa, los participantes han dispuesto de un “pasaporte”, con versos sueltos del poeta, que les era sellado en cada fin de etapa, además de contar, como en cada edición, con un gran dispositivo de seguridad entre Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil y voluntariado, que vigilaron cada instante y cada corte de carretera y cruce de las diferentes poblaciones, porque, como señaló el director del Instituto Valenciano de Juventud (IVAJ),  Jesús Martí, al inicio, “esto es mucho más que un itinerario, es una ruta llena de versos, de paisajes, de hermanamientos y de compañerismo”.

Contribuyen también de forma decisiva en la realización de este evento, que organiza la Generalitat a través del IVAJ y que se hizo por vez primera en 1998, la Universidad Miguel Hernández, la cátedra Miguel Hernández, cuyo director es el profesor Francisco Esteve, que también es el presidente de la Asociación Amigos de Miguel Hernández, y la Fundación Cultural Miguel Hernández, que preside Aitor Larrabide.

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La Senda, de poco más de 70 kilómetros, se hace a pie en tres días, saliendo el viernes y finalizando el domingo, cada año en torno a la primera quincena de abril desde la cuna de Miguel hasta su muerte, buscando un acercamiento al entorno natural que tanto amaba el poeta y uniendo poesía y naturaleza mientras se van dejando atrás olores y colores de azahares, jazmines y palmerales.

La primera etapa se inicia (Empiezo a andar/por el sendero/Empieza a circundarme la naturaleza. M.Hdez) en el Rincón Hernandiano, donde se encuentra la Casa Museo de Miguel Hernández, en Orihuela, donde el poeta pasó su infancia y juventud y donde cursó estudios en el colegio Santo Domingo y ayudó a su padre en los trabajos de pastoreo y participó en las reuniones literarias de la Tahona de los hermanos Fenoll. Allí escribió sus primeros poemas y conoció a la que sería su esposa, Josefina Manresa.

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Se pasa por Redován, localidad donde nació el padre del poeta, más propenso a dedicar a Miguel al trabajo que a facilitarle una educación; por Callosa de Segura y por Cox, población esta última donde nacieron los dos hijos de Miguel y Josefina, Manuel Ramón, quien murió antes de cumplir un año, y Manuel Miguel. Continúa hasta Granja de Rocamora y finaliza en Albatera, donde los caminantes son recibidos por los acordes de la banda municipal, en cuyo término municipal se encontraba el campo de concentración donde murieron muchos compañeros del poeta.

Tras pasar por naranjales y paisajes verdes que ofrece la Vega Baja del río Segura, se inicia la segunda etapa, con el abandono ya de numerosos estudiantes de colegios e institutos, que solo cubren esta primera parte del camino. Con dominio de palmerales y con primera parada en San Isidro, donde se encontraba el campo de concentración en el que permanecieron retenidos en trabajos forzados un gran número de compañeros de Miguel en la posguerra española, concluye en Elche, donde recibió su primero y único premio literario en marzo de 1931, que le otorgó el Orfeón Ilicitano.

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Tras la muerte del poeta, su esposa Josefina se trasladó a Elche con su hijo Manuel Miguel (Cox 1939-Elche 1984), a quien le dedicó Miguel, entre otros poemas, sus Nanas de la cebolla, donde se dedicó a hacer trabajos de costura y a velar y proteger el legado del poeta hasta su muerte en 1987.

La tercera y última etapa recorre los 22 kilómetros que separan Elche de Alicante, pasando por Rebolledo, para concluir en la tumba del poeta cabrero, donde también reposan los restos de su mujer, Josefina Manresa, y su hijo Manuel Miguel.

El secretario autonómico de Inclusión de la Comunidad Valenciana, Alberto Ibáñez, comunicó a los participantes su intención de trabajar junto con los ayuntamientos participantes para entrar en la red europea y “señalizar de forma permanente la ruta con el fin de que pueda realizarse a lo largo de todo el año”.

Los cientos de participantes que llegaron al cementerio se reunieron junto a la tumba del poeta para destacar, en palabras del director de la cátedra Miguel Hernández, Francisco Esteve, que esta es una senda en la que se “combinan muy felizmente cultura, deporte y compañerismo para recordar al poeta oriolano  como uno de los mejores del siglo veinte, un ciudadano ejemplar y un símbolo universal”, además de resaltar la alta participación y la ausencia de incidentes a lo largo de estos tres días (15, 16 y 17 de abril).

Por su parte, el director de la Fundación Miguel Hernández, Aitor Larrabide, agradeció la participación de los diez ayuntamientos implicados y resaltó la consolidación de la Senda, “que se ha convertido ya en todo un símbolo de la Comunidad Valenciana”, homologada por el Comité de Senderos de la federación valenciana como Ruta de Gran Recorrido con la denominación oficial “GR-125 Camino Hernandiano”.

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En esta edición de abril del 2016, algunos senderistas se desplazaron después desde el cementerio hasta el terreno en el que estuvo la enfermería de la antigua cárcel de Alicante, donde contrajo matrimonio canónico con Josefina Manresa días antes de morir y en la que redactó sus últimos poemas de “Cancionero y romancero de ausencias”. Allí permanecen derechas (alto soy de mirar a las palmeras. M. Hdez.) las mismas dos palmeras que viera y tocara el poeta cabrero durante su estancia carcelaria como testigos silenciosos del dolor, de la incomprensión y del sufrimiento infringido a seres humanos por seres humanos.

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Algunas de las organizaciones están pensando en retomar también la posibilidad de poner en marcha de nuevo la ruta nocturna “Perito en lunas” (así se tituló el primer libro del poeta del pueblo, publicado en 1933), que ya se hizo en una ocasión en agosto del 2006. Esta ruta recorrió durante la noche los kilómetros que separan Orihuela de Albatera, pasando por Redován, Callosa de Segura y Cox. En aquella ocasión, como preámbulo, se desarrolló un recital poético con participación de rapsodas y músicos ante la Casa Museo del poeta, cuya puerta permaneció iluminada por cientos de velas.

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También existe, y se pretende reactivar, la senda que recorrió Miguel durante sus estancias en Madrid y que ya la han practicado algunos grupos de personas bajo la guía del profesor Esteve, uno de los mejores conocedores de la obra hernandiana y director de la cátedra que lleva el nombre del poeta.

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Pies de fotos por orden de aparición:

  1. Numerosos asistentes al recital poético y musical antes del inicio de la Senda
  2. Salida de Orihuela
  3. Cabecera de la Senda. A la izq., el director de la cátedra Miguel Hernández, Francisco Esteve, entre otras autoridades.
  4. Las sombras de los caminantes se reflejan en el suelo.
  5. Profesionales y estudiantes de Podología atienden a los participantes que necesitaron ayuda en la Universidad Miguel Hernández de Elche, donde concluyó la segunda etapa,
  6. Tres generaciones de una misma familia en la Senda: Joana (con sombrero), la abuela; Rosana, su hija, izq., y los hijos de ésta Germán y Rafael.
  7. Los participantes cruzan un puente durante la tercera etapa, en dirección a Alicante. Al fondo, la montaña Fontcalent.
  8. El director de la Fundación Cultural Miguel Hernández, Aitor L. Larrabide, se dirige a los senderistas junto a la tumba de Miguel Hernández.

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