Infundadas acusaciones contra Javier Bauluz

 Por Daniel Caballo Méndez

Ha habido algunos casos en que determinadas imágenes y sus autores han sido criticados duramente por falta de ética y honestidad en el momento de captar las fotografías. Uno de ellos fue el  de Javier Bauluz, único Premio Pulitzer español, cuya fotografía de un inmigrante muerto en la playa de Zahara de los Atunes (Cádiz), distinguida con el Premio Godó de Fotoperiodismo, entre otros, fue el centro de la ira del profesor y periodista Arcadi Espada (2002, 148), quien dedica varias páginas de su libro a intentar demostrar, en vano, que se trata de una imagen manipulada, pues fue tomada, según Espada, “con un encuadre que aislara a las otras figuras presentes en el drama: policías, médicos, leguleyos, personal de asistencia, curiosos, bañistas, y una óptica adecuada que colocara en una falsa cercanía a los bañistas y el cadáver”.

La fotografía, que fue publicada en el Magazine de La Vanguardia, y posteriormente en la portada de The New York Times, es defendida por el subdirector del suplemento del diario catalán, Josep Carles Rius, el 2 de marzo de 2003, dedicándole once páginas de la revista a la que pertenece. Anteriormente ya lo había hecho, en el espacio del diario dedicado al Defensor del lector, del 15 de diciembre de 2002. Allí, el Defensor, Josep María Casasús, le pregunta sobre si la foto es falsa o no, a lo que Rius contestó: “La fotografía no está tomada con ninguna óptica que deforme la realidad y cualquier experto en fotografía lo aprecia a simple vista. Los equipos que retiraron el cadáver no salen en la foto porque, desbordados por lo que ocurría aquellos días, tardaron horas en llegar. Los médicos y los leguleyos simplemente no acudieron. En el reportaje de Bauluz se explica que hace tiempo que los jueces y forenses de Algeciras dejaron de acudir al levantamiento de cadáveres. ¿Un inmigrante?, levántelo usted mismo, agente. La forma de retirar los cadáveres le recuerda al responsable de Protección Civil de Tarifa, Rodrigo Serrano, la limpieza de la contaminación”.

Un profesor universitario no debería entrar en el aula diciendo “¡falsa, falsa, falsa!”, sin antes asegurarse de que esa imagen está manipulada a través del encuadre, de la óptica o por cualquier otro método. En el reportaje publicado en 2003, podemos contemplar otras imágenes, en las que vemos horrorizados cómo los guardias civiles trasladan los féretros de las víctimas, mientras dos bañistas juegan a las palas en la playa. Y estas situaciones ocurren, porque para ellos es normal ver inmigrantes muertos. Javier Bauluz captó muy objetivamente con su cámara una tragedia que se repetía en las playas situadas junto al Estrecho pero que nadie había documentado hasta entonces con tanta amplitud.

Según escribe Joseph Carles Rius[2], según publicaba. “El periodista Arcadi Espada publicó ayer en el diario El Mundo una columna en la que difundía la falsa noticia de que el escritor Javier Cercas había sido detenido en el barrio madrileño de Arganzuela durante una redada contra una red de prostitución la semana pasada. La noticia circuló rápidamente por Internet y se convirtió en objeto de comentarios. El origen era un invento total”.

La Defensora del Lector de El País, Milagros Pérez Oliva, titulaba su sección del día 20 de febrero de 2011: “En defensa de Cercas y de la verdad”. Y destacaba: “El escritor abre una polémica sobre hasta dónde es lícito llegar en el uso de la ficción en periodismo. No se puede recurrir a una mentira para defender una verdad”, además de defender la verdad como principio fundamental del periodismo, en el que “no cabe la ficción, si quiere seguir siendo periodismo”.

Javier Cercas había publicado, el domingo 20 de febrero de 2011, en El País un artículo titulado “Rico, al paredón”, en defensa del profesor y académico Francisco Rico, “frente a los lectores que le habían recriminado haber afirmado en un artículo contra la ley del tabaco que él nunca había fumado, cuando en realidad es un fumador empedernido”, según escribía la Defensora del Lector.

Como vemos, se trata de un juego muy peligroso al que jamás tendría que asistir ningún periodista. La información, la opinión y la ficción deben habitar siempre en sus correspondientes espacios. Si se confunde al receptor con unos y otros, será el periodismo quien tenga siempre la derrota asegurada.  

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Fotografía de Javier Bauluz, tomada el 2 de septiembre de 2000 y publicada en el Magazine de La Vanguardia, y en la portada de The New York Times

Despedido un fotógrafo de AP por eliminar su propia sombra

En el mes de julio del año 2011, la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) rescindió su contrato al fotógrafo argentino Miguel Tovar tras descubrirse que manipuló una fotografía relacionada con la Copa de América, disputada en Argentina.

En la foto aparecían cuatro niños jugando al fútbol y la luz provenía de detrás del fotógrafo, lo que provocó que su propia sombra se viera reflejada en la imagen por lo que decidió manipularla utilizando la técnica del clonado con el fin de ocultar la sombra, algo que fue descubierto con prontitud, entre otras razones, debido a la forma descuidada con que lo hizo.

El director de Fotografía de la legendaria agencia, Santiago Lyon, rescindió de forma inmediata el contrato a Tovar y ordenó retirar sus imágenes de la fototeca, además de hacer público un comunicado del que resaltamos lo siguiente:

“El domingo nos enfrentamos a un caso de manipulación de foto deliberada y engañosa por parte de un profesional independiente en la asignación de la AP en la Copa de América en Argentina.

Miguel Tovar decidió clonar un poco de polvo de la foto con el fin de ocultar su propia sombra, que era visible en la fotografía original que muestra a niños jugando al fútbol.

Un editor de fotos alertó sobre el asunto dando cuenta de que el polvo se repetía de manera inverosímil y las investigaciones posteriores revelaron  el fraude visual.

No hay indicios de que otras imágenes de Tovar fueran manipuladas. Sin embargo, hemos roto todas las relaciones con Tovar y lo hemos quitado de la asignación. No va a volver a trabajar con AP.

Además, hemos eliminado todas su imágenes del archivo de AP y su sitio web”.

Associated Press, nacida en Nueva York en 1848 como la primera cooperativa  de noticias del mundo, ha endurecido su estricto respeto a la verdad y no tolera ninguna corrección, eliminación o agregado de elementos en las imágenes que distribuye por su prestigioso servicio, al que se refirió Mark Twain diciendo: “Solo hay dos fuerzas que pueden iluminar todos los rincones del globo: el sol en el cielo y Associated Press en la tierra”.

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Fotografía publicada en www.fotografia.com el 12 de julio del 2011

 

Primera manipulación en el World Press Photo

El fotógrafo ucraniano Stepán Rudik obtuvo en marzo del 2010 el tercer premio en la categoría Sports Features del WPP con una serie de imágenes en blanco y negro que retrataban torneos callejeros de artes marciales en Kiev. Y poco después el jurado del certamen decidió descalificarle al concluir que manipuló digitalmente su trabajo.

Rudik había eliminado parte de un pie de un hombre que se observa en la parte posterior de la imagen y oscureció los bordes de la fotografía para ocultar a través de la subexposición a esa misma persona.

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Fotografía original de Rudik (izda), versión editada (c), y la presentada al WPP

Nada tiene que ver este caso con la polémica suscitada en torno al retoque de la fotografía ganadora del WPP 2012, de Paul Hansen. La organización se vio obligada a someter a un análisis forense a la imagen después de que surgiese la polémica sobre si era un montaje. ¿De dónde surgió la polémica? ¿Por qué la Fundación del WPP ha dado credibilidad e importancia a opiniones banales, absurdas y sin fundamentar? Las polémicas que se inician en las redes sociales deberían quedar ahí. Cuando un ciudadano, un experto, un fotógrafo o quien fuere, eleva una queja razonada y razonable, le tendríamos que otorgar importancia. Mientras tanto, yo seguiré impactado con la terrible escena que muestra esta fotografía. Y con el hecho de ser consciente de que se ha hablado más de la postproducción de la misma, que de las víctimas diarias de la Franja de Gaza. Pobres niños.


[2] El País, 16 de febrero de 2011.


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