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Parte segunda 

Texto y fotos: Diego Caballo

La mitad de la belleza depende del paisaje,

 y la otra mitad del hombre que la mira.

Lin Yutang

Dos terceras partes de la isla son montañosas. Cinco cordilleras la atraviesan de Norte a Sur. Su pico más alto, con casi 4.000 metros (3.952), es el Yu Shan, ubicado en el costado suroeste de la Cordillera Central en el que se puede ver nieve en medio de este clima tropical.

De sus veintitrés millones de habitantes, algo menos de medio millón son de origen malayos-polinesios, que luchan por conservar su lengua y costumbres, la gran mayoría del resto proviene de la emigración china. Más de  una décima parte de su población total vive en su capital, Taipéi, en la que se levanta el Edifico 101, hasta hace apenas cinco años el más alto del mundo.

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La libertad religiosa permite que convivan más de 12.000 templos, que incluyen iglesias, mezquitas y sinagogas que representan al taoísmo, budismo, protestantismo y catolicismo, donde rezar, meditar o rendir culto a los ancestros. En los templos, a veces separado por un patio, podemos presenciar las ceremonias taoístas y budistas. Ambas conviven y comparten espacio para que sus fieles practiquen la adoración de sus dioses, a los que les hacen ofrendas mientras el incienso humea abriéndose paso entre el silencio o los cánticos en forma de hilos blancos que se elevan hacia el cielo. Meditación y leyendas, adornos florales y recogimiento interior se alían para lograr un mayor entendimiento entre fieles y visitantes.

Taiwán es apenas reconocido por 20 países, entre los que no se encuentra España ni ningún otro país europeo, si exceptuamos la Santa Sede. Ni por Estados Unidos, ni por ningún país asiático, ni por Japón o la República Popular China. Un país presente en el mundo a través de oficinas comerciales pero no con embajadas.

Con un exceso de universitarios, que alcanza el 84 por ciento los que llegan a la educación terciaria, según el Foro Económico Mundial, que lo sitúa en el puesto séptimo con mayor porcentaje del planeta, Taiwán ha pasado de ser mano de obra barata para las grandes multinacionales a importar esa mano de obra barata, fundamentalmente de la China continental, aunque en estos momentos quedan muy pocas fábricas, ya que el 80 por ciento de la producción se hace fuera del país.

Taiwán, una isla pequeña de grandes dimensiones, gracias a su buena administración, ocupa una de las primeras posiciones a escala mundial en la fabricación de teléfonos móviles, lo que se refleja (como en gran parte del resto del mundo) en una población a un móvil pegada, a veces enfermiza.

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Taipéi: cultura, gastronomía, romanticismo y alta tecnología.

Como capital de Taiwán, es el centro político, social, económico y cultural y nos recibe con un calor tropical y un manto de humedad con mezcla de niebla. Desde su edificio más famoso, el rascacielos 101, nos  muestra sus grandes avenidas rectilíneas y un sobrio y ordenado urbanismo.  

Tiene una superficie de 272 kilómetros cuadrados y una población aproximada de 2,6 millones de habitantes. Se habla el chino mandarín pero nos podemos  hacer entender perfectamente en inglés, que es idioma obligatorio junto al materno en los colegios.

Entre sus múltiples rincones y lugares que no deben dejar de visitarse,  no puede faltar su Museo Nacional, que exhibe  la mayor colección de arte chino del mundo. Es un recorrido por 5.000 años de historia a través de 650.000 piezas que pertenecieron al Palacio del Emperador, en la Ciudad Prohibida de Pekin, y que fueron sacadas por  Chiang Kai-shek y sus seguidores cuando su gobierno se trasladó a Taiwán en 1949 tras la toma del poder por Mao.  En la colección están presentes  pinturas de todas las dinastías, así como numerosas piezas de marfil, alfarería y bronce, entre otros.

Esta ciudad es una muestra clara del milagro taiwanés, gracias a una combinación entre ingeniería, tecnología, diseño y artesanía, además de la cerámica el vidrio y la madera.

Taipéi, que en el presente año 2016 será sede de la capitalidad internacional de diseño,

ofrece wifi gratuito en toda la ciudad, además de la posibilidad de adquirir la tarjeta Easycard, que nos facilitará disfrutar del transporte y otras muchas actividades.

Tras un largo paseo disfrutando de sus numerosos parques, que son aprovechados por sus habitantes y visitantes para practicar ejercicio o celebrar un picnic sin molestar ni ahuyentar  a las especies autóctonas de aves y peces, se puede degustar  una gran variedad de frutas, bellamente  cortadas en un recipiente en el que no debe faltar la fruta de las esencias, también llamada fruta de la pasión.

Es muy recomendable visitar la antigua tabacalera Songshan Tobacco Factory, que incluye una biblioteca y diversas actividades culturales, además del memorial a Chiang Kai-shek y su vistoso cambio de guardia.

Su oferta gastronómica va desde los puestos callejeros, que la elaboran con una cuidada asepsia, a los grandes restaurantes, como el RAW, del famoso cocinero chino André Chiang, que también está presente en Singapur y París.

No debe faltar un paseo por el mercado nocturno de Huaxi (el callejón de la serpiente), donde se combinan y mezclan, no siempre en equilibrio, sabores, olores y colores, ni dejar de ver o adquirir su artesanía, que a veces se funde con el  alto diseño  en las tiendas de moda en las que también está presente la seda con diseño del siglo XXI.

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La Taipéi nocturna, que se puede disfrutar desde alguna discoteca ubicada en rascacielos mientras se degusta una copa, es como una placa base gigante en la que miles de procesadores y chips dan luz y sentido al mundo tecnológico más avanzado.

El Taipéi 101.

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Inaugurado en 2005, tiene 509 metros de altura y es el décimo edifico más alto del mundo y  primero hasta hace solo cinco años. Está dotado de una alta seguridad por encontrarse en una de las regiones más castigadas por terremotos y huracanes. Es a la vez estable y estático con su forma de caña de bambú donde cada planta semeja un nudo.

Su potente ascensor nos desplaza a 1.010 metros por minuto, 37 segundos hasta alcanzar el piso 91, algo así como un viaje espacial en el que el ascensorista, que nos ofrece estos datos,  aconseja tragar saliva para adecuar la presión.

 

El nombre de 101 es un homenaje al sistema binario del lenguaje informático. Su vidrio azul es visible desde todos los puntos de la ciudad y nos sugiere un recuerdo constante del paso dado por una nación agrícola y pesquera hacia la producción masiva de componentes de alta tecnología.

El Lago del Sol y la Luna.

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El centro geográfico o kilómetro cero de la isla lo ocupa el Lago del Sol y la Luna. Tiene un perímetro de 33 kilómetros y es la mayor extensión de agua en su interior. Se llama así porque la parte Este tiene forma de Sol, mientras que la mitad Oeste se parece a la Luna. Sus aguas de color esmeralda y su entorno de montañas verdes hacen de este lugar romántico un destino imprescindible para los gustos más exigentes y para las soñadas lunas de  miel.

En el centro del lago hay una islita llamada La Luz, anteriormente isla de Jade. Podemos verla desde las embarcaciones que ofrecen diferentes excursiones, pero no se puede visitar al tratarse de un lugar sagrado donde la tribu Sao acude a venerar  a sus ancestros. Tampoco está permitido bañarse en el lago, salvo una vez al año durante el Carnaval de Natación del Lago del Sol y la Luna, una carrera de 3 kilómetros que forma parte del calendario festivo del Lago.

A menos de dos kilómetros está el Centro de Interpretación Villa de la Cultura Aborigen de Formosa. Allí, los aborígenes, con sus atuendos guerreros, reproducen su música y ofrecen una buena gastronomía de tribus nativas de la zona.

El período colonial japonés introdujo el té negro, tan apreciado mundialmente, una variedad de té que se da muy bien en la zona gracias al microclima del Lago, zona en la que también existe un centro de investigación de esta planta que merece la pena visitar.

Con más de 300 clases de peces, que incluye un salmón autóctono altamente apreciado, ofrece una flora exuberante, con perales, melocotoneros, manzanos y diversas verduras, además del ciruelo y su flor blanca, tomada por algunos como símbolo de la isla, ya que cuanto más frío hace más florece, como una metáfora de supervivencia y lucha.

En sus cercanías se encuentra el templo Wen Wu, único en Taiwán donde se puede ver una imagen o estatua de Confucio, además de la Escalera del Año, con su 365 peldaños que nos conducen hasta el lago.

Tainan.

Fue capital de Taiwán entre los siglos XVII y XIX, durante la dinastía Qing, la ciudad más antigua del país, por lo que conserva gran número de edificios históricos y la cuarta ciudad más poblada de Taiwán, abarrotada de coches, bicicletas y motos, es una urbe costera bañada por el mar de la china meridional.

Su clima subtropical favorece el crecimiento de orquídeas, arrozales y azúcar.

Tiene pequeñas islitas menores alrededor como la Isla Orquídea y arrecifes de coral, que es sinónimo de aguas puras.

En ella viven aborígenes que mantienen sus tradiciones y cultivan diversas clases de orquídeas.

También es muy aconsejable visitar Isla Verde, a 33 kilómetros de la costa taiwanesa, que fue penitenciaría y ahora destino cotizado turístico donde la cárcel se conserva como museo y referencia.

La cabeza de la Reina.

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En el cabo de Yehliu, situado al norte de la costa de Taiwán, en los alrededores de la ciudad de Wanli, podemos visitar la “Cabeza de la Reina”, imagen icónica de la isla, que es parte de otras formaciones rocosas que conforman un paisaje geológico de alto valor, dentro del parque de Yehliu, una pequeña península que se adentra en el océano donde los múltiples visitantes y la tradición popular han ido bautizando las diferentes y espectaculares piedras, muchas de las cuales contienen fósiles que permiten estudiar el aspecto que tenían algunas criaturas que habitaron Taiwán en otros tiempos remotos, con evocadores nombres como nidos de abeja, rocas hongo, jengibre o rocas vela.

Los agentes atmosféricos, las olas y los tifones siguen y seguirán moldeando formas y figuras fantásticas para deleite de los miles de turistas que visitan la zona a diario.

Gastronomía.

Amar, comer y beber con medida,

y sin perder la razón, le da razón a la vida.

Antiguo dicho romano (sic)

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Sus ingredientes más comunes son el arroz, trigo, maíz, el cerdo, el marisco, la soja, el sésamo y un tipo de pollo local. También la ternera,  pero menos común ya que algunos taiwaneses, especialmente los más ancianos, siguen evitando consumirla debido a sus creencias budistas y también a la tradicional resistencia a sacrificar ganado útil para la agricultura, además de su apego emocional hacia los animales de labranza. No obstante, la versión taiwanesa de la sopa de fideos con vaca sigue siendo uno de los platos más populares del país, a pesar de esta aversión tradicional. También son comunes los restaurantes vegetarianos con una amplia carta, debido principalmente a la influencia del budismo.

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Es una cocina rica en variedad, que conserva la influencia de todos sus colonizadores, principalmente Japón, además de las diferentes etnias y de las provincias del centro y el sur de China, y recetas aborígenes hakka con variantes locales.

El clima subtropical de Taiwán permite el cultivo abundante de diferentes frutas, como la papaya, los cítricos y el melón, además de ofrecernos  una amplia variedad de fruta tropical, gran parte importada.

La combinación de especias y otros condimentos aliados con la inventiva lleva a la mesa variados e interesantes platos con aroma de soja, cilantro, guindilla, vino de arroz, papaya, melón y algunos cítricos. Esta cocina ofrece al paladar más exquisito  los más maravillosos platos elaborados con flores y románticas ensaladas de pétalos de rosas mientras que en la mesa vecina disfrutan de una sopa de vaca con fideos con los ojos del animal flotando, que pueden llegar a pesar medio kilo.

Con la siempre presencia del té en la mesa, que en algunas zonas de la isla se llega a cosechar hasta tres veces al año, muchos de los platos de la cocina taiwanesa suelen considerarse aperitivos, (con cierto parecido a las tapas españolas) y el plato principal  está compuesto de carne o pescado acompañado con mucha verdura.

PIES DE FOTOS:

Dos jóvenes bromean con sus sombreros en Taipei

Lago del Sol y la Luna

Lago del Sol y la Luna

Lago del Sol y la Luna

Selfie en el geoparque de Yehliu

Selfie en el geoparque de Yehliu

Cabeza de la reina en el geoparque de Yahliu

Templo de Confucio

Degustación de platos típicos en la ciudad de Tainan

Vista nocturna del edificio 101 en Taipei

Puesto callejero que ofrece la degustación de huevos cocidos con hojas de té

Vista del edificio 101 en Taipei


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