“Todos somos un poco esclavos de la prensa.
Maneja unas armas que pueden derrumbar
a una institución, aumentar su fama o llevarla
al ridículo” . (1)

Juan Carlos I

Por Daniel Caballo Méndez

Muy recientemente, nos comentaba un responsable de la revista Lecturas los “milagros” del photoshop y su alcance. Este profesional, valorado como uno de los más honestos en la prensa del corazón, reconocía haber caído en más de una ocasión en la tentación del pequeño e “inocente” retoque. Ahí surgió la discusión, ya tan cansina, de retocar sí o retocar no, poco o mucho. Citaremos solo algunos ejemplos, en uno y otro extremo, referidos a la realeza española, británica y monegasca en menor medida, por quedarnos con los que consideramos más significativos y siendo conscientes de que, como siempre, dejamos fuera muchos más.

 

La familia real española

El fotomontaje de la reina

De todos los casos de la realeza española que hemos recopilado, quizás el más llamativo fue el referido a una de las habituales felicitaciones navideñas. En las Navidades de 2005, año en el que los reyes felicitaron las Navidades con una imagen en la que aparecían ambos junto a sus entonces siete nietos, se armó un gran revuelo nacional. Tres años más tarde, el día 2 de noviembre de 2008, numerosos medios se hacían eco de “una especie de entrevista”, uniendo los espacios de confesiones que “nos ha regalado” la reina a lo largo de sus viajes de cooperación. El último y más duradero tuvo lugar el pasado mes de febrero (2008) en Siemp Reap al finalizar un viaje de cooperación a Camboya”, según explica Mariángel Alcázar que fue, junto con las periodistas de la agencia Efe y ABC, quien pactó no publicarlo hasta hacerlo coincidir con el 70 cumpleaños y “nosotras cumplimos. Sólo somos periodistas y, de momento, no escribimos libros”, según aclaraba M. Alcázar. De esos encuentros con doña Sofía se desprende su gran interés por la fotografía, que en esa fecha tenía guardadas 30.000, la mayoría de ellas de los últimos años, cuando descubrió la tecnología digital. Los numerosos medios que se hicieron eco de esas declaraciones resaltaron con detalle lo que doña Sofía había contado: “Yo fui la autora del fotomontaje de las Navidades de 2005”. Doña Sofía reveló, con cara de complicidad, que fue ella la responsable de la imagen. “¡Con lo que la criticaron”, dijo risueña.

1) “Los consejos que el rey dio a su hijo para ser un perfecto heredero. 10 cartas con las que le enseñó el oficio”. El Mundo de 23 de marzo de 2008.

2) La Vanguardia, domingo 2 de noviembre de 2008.


“Tenía la foto del Rey y mía con Leonor -declaró-, así que cogí la del verano anterior en Mallorca con los otros nietos y los coloqué debajo”. Inmediatamente comenzaron los comentarios: “Que si Victoria no tenía brazos” -“que tampoco los tenía en el original”, añade entre risas- “yo no sé cuántas cosas más. Pero no me importa, estaba orgullosísima”. Esa -permítasenos la expresión coloquial- gamberrada inocente, cariñosa y familiar, hubiera sido bien acogida y felicitada por todos de haberse reconocido desde un principio como un fotomontaje hecho por la propia reina. Lo peor y lo que la elevó a manipulación fue esa falta de autoría, que convirtió en sospechosos a los reporteros gráficos de La Zarzuela.

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Fotomontaje efectuado por la reina Sofía en las Navidades de 2005

A partir de ese año 2005 la tradicional felicitación navideña no cambió demasiado, siendo habitual la imagen de los reyes rodeados de sus nietos, como la difundida por la Casa Real en 2007, y en la que también aparecen los reyes con todos sus nietos en los jardines del palacio de la Zarzuela. Sería después de las confesiones de la reina cuando empezaría a cambiar, y cada uno de sus hijos felicitó por separado de diferentes formas y con distintas imágenes.

Otras felicitaciones navideñas...

En la portada del número de Lecturas de 27 de Diciembre de 2006, se publicaban varias fotos, en su mayoría de los nietos de los reyes de España. En una de ellas, la que “manda” en primera, aparece la infanta Leonor, hija de los príncipes.
En su interior, el subtitulo: “Los reyes, sus hijos y sus nietos” acompaña al titular “Reales felicitaciones”, con varias imágenes que reproducen las firmas de los reyes, príncipes, duques de Lugo, duques de Palma y también de sus respectivos hijos, referidas al año 2005, salvo la foto de portada a la que nos hemos referida anteriormente, que se corresponde con la felicitación navideña de 2006 y que también sembró la polémica. El diario El Mundo, de 24 de diciembre de 2006, titulaba un recuadro: “¿Magia potagia o “photoshop”?, dentro de la página titulada “Testigo impertinente”, que firma Carmen Rigalt. La periodista decía en el recuadro mencionado que “Todos los medios de comunicación se han dedicado esta semana a comentar la chapucilla de la felicitación navideña de los Príncipes, en la que la Infanta Leonor sufre la mutilación del photoshop. No entro en menudencias para evitar que me desmientan. Ignoro si es obra del photoshop o del photoship, pero a la Infanta sólo se le ve una pierna. Hay especialistas en buscarles los gazapos a las felicitaciones de la Casa Real. Son expertos. En la felicitación de los Príncipes de Asturias sólo hay un gazapo, pero curioso. La Infanta Leonor hace equilibrismos apoyándose en una piña navideña. Sonríe y está monísima, pero si la instantánea no miente, un segundo después de que el fotógrafo disparara su cámara, la Infanta debía de estar en el suelo, llorando. Pura ley física (veáse base de sustentación).

Los Reyes han prescindido este año de la foto familiar para felicitar las navidades. La experiencia así lo ha aconsejado. El año pasado no fue posible reunir a toda la familia, de modo que se optó por un montaje que hizo las delicias de los aficionados a los siete errores. El diseño informático, por lo que se ve, no es el fuerte de la familia. La Casa Real tiene querencias artesanales, lo cual resulta de todo punto entrañable. ¿O no es artesanal -y entrañable- sostener a una niña metiéndole mano bajo el vestido y luego pretender eliminar la mano con un truco de magia potagia?.

El mismo diario, en el suplemento “Crónica”, también del domingo día 24 de diciembre de 2006, Jaime Peñafiel, que vigila muy de cerca siempre todos los movimientos de la casa real, titula uno de los apartados “Un christmas agobiante”, dentro de su sección “Mi semana”. El periodista escribe: “La felicitación navideña de Felipe y Letizia tiene, este año, una única protagonista: la niña Leonor, quien parece haber sido colocada, para el christmas, en uno de los puestos del mercadillo navideño de la Plaza Mayor. Si se hubiera recurrido a una buena estilista, como Nati Abascal, y a un buen fotógrafo, como Jesús Carrero, por ejemplo, se habría evitado ese efecto tan agobiante en el que pueden contarse hasta 20 objetos en la foto, entre ellos, un oso que, como diría David Gistau, ya son ganas de tocarle las narices al Rey (es broma) por mucho gorro de Papa Noel que le hayan colocado al Mitrofán de la principesca felicitación. Por otro lado, el fotógrafo, antes de disparar, debía haber advertido que a Leonor le faltaba un pie. ¿Dónde está el otro? Por último, parece una concesión gratuita que los textos aparezcan también en inglés. Los Reyes, por su parte, y para evitar polémicas, se han decantado por una naturaleza muerta de una insólita Zarzuela nevada y solitaria. Cada uno en su casa y Dios en la de todos”.

“Los Reyes ningunean a Marichalar públicamente”

Así titulaba el periodista Jaime Peñafiel, el domingo 13 de julio de 2008, el primer apartado de su sección “Mi semana”, que habitualmente publica en El Mundo. Y seguía: “Jaime Marichalar ha regresado no donde solía, que diría el académico, sino adonde no debía. No se debe volver nunca de donde uno se marchó... o lo echaron. Desde que hace ocho meses los duques de Lugo anunciaron el “cese temporal de su convivencia”, al buenazo de Jaime Marichalar no se le ha vuelto a ver en Palacio”.
Marichalar había sido recibido en audiencia como uno más entre 53 personas pertenecientes al Comité Español de los Colegios del Mundo Unido, entre otras razones porque seguía siendo Presidente de la Fundación Winterthur.
Peñafiel, otrora especialista en la realeza mundial, decía también que “a la oficiosa y cortesana agencia Efe no se le ocurrió otra cosa que suprimir, en la fotografía de la citada audiencia, transmitida a sus clientes, la imagen del señor Marichalar, quien ocupaba un discreto lugar en el posado. A lo peor, pensaron que ello sería del “agrado” de la Casa”.
El País (miércoles 9 de julio de 2008) titulaba: “Marichalar regresa a La Zarzuela”, bajo la foto completa de la audiencia y resaltando con un círculo la cabeza del duque. Y subtitulaba: “El duque asiste a una recepción, pero su imagen no aparece en la página oficial”. Mabel Galaz, autora de la información en este diario, escribe que “El duque se colocó en segunda fila en el margen izquierdo del grupo (...) La agencia Efe transmitió la instantánea a todos sus clientes, pero en ella no aparecía De Marichalar. La fotografía había sido editada”. “A instancias de este periódico –sigue diciendo– la agencia facilitó ayer (8 de julio de 2008) la imagen completa de los asistentes a la audiencia”.
Aunque en su momento Efe dio una explicación de lo ocurrido, conviene dejar muy claro lo que verdaderamente ocurrió.

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Imágenes transmitidas por la Agencia Efe, primera versión (izda), y una posterior

Esa audiencia le fue asignada a un fotógrafo de la plantilla de Efe, previamente acreditado en prensa de Zarzuela. Tras su regreso a la sección gráfica se visualizó la tarjeta con todos los fotogramas que había hecho, y entre ellos estaba, por supuesto, el del grupo completo, que incluía a Marichalar. Al igual que se hace siempre, y normalmente en presencia del fotógrafo, si no se tiene que ir con urgencia a cubrir otra información, que no fue el caso, se procedió primero a seleccionar las fotos más interesantes, y que mejor “cuenten” el acto, y después a su edición. Cuando se trata de audiencias “multitudinarias” (en este caso eran 53, según el propio Peñafiel), se suele huir de la foto de multitud, por aburrida, y se recurre a centrar la información en una foto de los reyes saludando a quien representa o encabeza a la institución recibida, una del grupo no completo y, en ocasiones, alguna que refleje un instante diferente y no tan “oficial” que se haya producido, por ejemplo, al montarse la “foto de familia”, durante el saludo, etcétera. Esto como norma general, porque lo que queda fuera de toda duda es que en este caso había que haber dado una del grupo completo y, a ser posible, otra de Jaime de Marichalar en el momento del saludo, de haberse producido, que no se produjo. Pero generalizar, y según que caso, se debe hacer muy pocas veces. En este, simple y llanamente, se actuó mal. El redactor-jefe no vio la información completa. Fue directamente al grupo y, al verlo tan numeroso, se centró en fotogramas donde se fragmentaba. Primer error grave. Segundo: el fotógrafo no advirtió en ningún momento la presencia del duque, y la información salió como salió: incompleta. Esta es la rigurosa verdad.

Unas horas más tarde, la directora de Efe-Gráfica me preguntó “si a mi hubiera pasado lo mismo”. -No lo sé, -le respondí-, “pero utilizo un truco cuando selecciono fotos de grupo: siempre me fijo en el detalle de que ninguno aparezca con los ojos cerrados, porque sé que cuando eso ocurre el impacto visual de la foto estará en esa cara”. Como para sí misma, se fue hacia su despacho diciendo: “entonces lo hubieras visto y no se quedaría sin dar”. La misma directora también preguntó a un experimentado y habitual fotógrafo (el otro no lo era) de informaciones de la Casa Real, quien le respondió: “si hubiera ido yo, y aunque estuviera muy escondido don Jaime, me hubiera “mosqueado” mucho que no se celebrara el besa-manos (saludo a uno por uno de los componentes de la audiencia), porque lo primero que se me hubiera ocurrido es que había alguien en el grupo que el rey o los reyes no querían o no era oportuno que saludaran en esos momentos. En situaciones parecidas, con mi tele, procuro ver la cara de cada uno los recibidos. Y en este caso, con toda seguridad, me hubiera centrado en la figura del duque, y al llegar a la agencia se lo hubiera advertido al redactor-jefe, además de haber defendido –en el caso de detectar alguna duda- que se diera esa foto, ya que era noticia que el duque volviera a Zarzuela por primera vez, al menos públicamente”.
El fallo, grave, si queremos denominarlo así por todo lo que conllevó después, fue de quienes manejaron la información. De nadie más. Los autores de este libro trabajamos en la sección gráfica de Efe, Daniel como editor en la sección de internacional, y Diego, a quien la directora le preguntó su opinión, como redactor-jefe del área gráfica. Ambos lo vivimos en vivo y en directo.

 

 


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